En abril de 1999, Roxana Gilda Haas del Carpio se desempeñaba como funcionaria de agencia del Banco Wiese (BW) en la capital del Perú. Sus jefes y compañeros de trabajo reconocían que Roxana era una empleada experimentada, que laboraba con dedicación y eficiencia.
Para el desempeño de sus funciones, la señorita Haas tenía acceso a la base de datos de cuentas corrientes de dicha institución financiera. Cuál sería la sorpresa de Roxana cuando un día de ese aún cálido abril se topó, por casualidad del destino, con la información de las cuentas millonarias que mantenía en el BW el delincuente fujimorista Vladimiro Montesinos.
Indignada por el hallazgo, y aprovechando una reunión familiar posterior, Roxana conversó con su cuñado Jorge Castillo Gálvez, a quien le informó sobre lo que había encontrado en la base de datos del Banco Wiese. Inmediatamente, Castillo Gálvez le pidió que le dejara ver la información comprometedora. Haas le respondió que no la había impreso porque era peligroso para ella, pero que si la visitaba en su agencia se la mostraría.
Días después de esta conversación, Castillo Gálvez visitó a Roxana Haas en la agencia del Wiese. En forma reservada y con las advertencias de confidencialidad del caso, Roxana le mostró las pantallas de computador con la información de Montesinos.
Maravillado por el hallazgo, y calculando las ventajas que dicha información podría concederle en las negociaciones que permanentemente mantenía con Vladimiro, Castillo Gálvez le pidió a Roxana que imprimiera los reportes. Roxana le respondió que lo que le pedía pondría en peligro su continuidad como empleada del Banco Wiese. Castillo le respondió que no se preocupara. Que él manejaría la información con cautela y que no la utilizaría sin previamente consultarle y pedirle permiso. Con tales condiciones, Roxana imprimió los informes y se los entregó confiadamente a su cuñado.
Amables lectores: les pedimos que por favor reparen en la fecha de estos acontecimientos. Ellos sucedieron en abril de 1999.
Sólo ocho meses después de visitar a Roxana Haas, en diciembre de 1999, y por supuesto sin consultarle ni preocuparle lo que podría suceder con la carrera de su cuñada, Castillo Gálvez entregó la información a César Hildebrandt, quien la publicó en el diario Liberación.
¿Por qué tardó ocho meses Castillo Gálvez en traspasar la información obtenida de Roxana Haas? ¿Qué usos políticos le dio el actual premier a dicha información entre abril de 1999 y diciembre de 1999? ¿Cómo le sirvió en sus negociaciones personales con Montesinos? ¿Cuál fue la reacción de Roxana Haas ante la entrega inconsulta de los reportes a César Hildebrandt? Estas y otras interrogantes serán respondidas en la siguiente entrega de La increٌíble y sorprendente historia de Roxana Haas y su cuñado desalmado.- Lo que del Castillo Gálvez no le contó a César Hildebrandt.









