Bill Clinton, presidente de Yanquilandia
26 de enero de 1998
El presidente de la república, beato hermano sahumador del Señor de los Milagros don Alan García Pérez, ha sido acusado de adulterio. César Hildebrandt ha reiterado el cargo el día 22 de octubre a través de Sobre la rubéola y las mentiras, artículo publicado en el espacio periodístico que (aún) mantiene en el diario La Primera: "Confirmo todo lo dicho en mi columna del viernes último. Todo es verdad. Lo de la vacuna y lo demás..."
Ante las denuncias con dos nombres y dos apellidos hechas por Hildebrandt, García ha respondido a los representantes de la prensa que no deberían ser “malignos” y que “lo que tenga que decir, lo dirá en su momento."
De acuerdo con esa contestación, parece ser que la apuesta de García Pérez es a que este asunto de infidelidad conyugal se extinga y desaparezca de la escena, lo cual es una posibilidad en un país de impunidad en el cual el silencio o extroversión de muchos medios de prensa se encuentra directamente relacionado con la colocación de publicidad estatal, o con la concesión de otros favores económicos y/o políticos.
Añadamos a ello que la cultura popular del Perú favorece al practicante masculino de adulterio. Al respecto, es conocida la racionalización del adulterio masculino, existiendo inclusive historias como aquella de la coexistencia pacífica de la catedral (la esposa oficial) y las iglesias menores (las amantes).
Sin embargo, en este caso García haría bien en recordar el consejo de Henry Kissinger cuando para afrontar problemas similares recomendó: “Cualquier hecho que deba hacerse de conocimiento del público debe revelarse inmediatamente o tan rápidamente como sea posible, porque de lo contrario la sangría que ocasionará no tendrá cuando terminar.” Es un buen consejo el del tío Henry, superior por supuesto a las torpes declaraciones del presidente Clinton cuando afirmó que él no había tenido “sexual relations with that woman...” Tiempo después, el propio Clinton reconocería en CNN que el asunto de su adulterio fue “un terrible error moral”. Si, por el contrario, Alan quiere estudiar ejemplos domésticos, puede mirarse en el espejo de su antecesor Toledo y obtener algunas conclusiones.
Las enseñanzas de los casos de Clinton y Toledo refuerzan la necesidad de contemplar la sugerencia de Kissinger. Éste es uno de los caminos que Alan debe explorar para evitar dañar aún más a su propia familia y a la señora y el bebé que han sido involucrados en el tema.





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